Dacia abandona los vehículos propulsados por GLP: no será viable su continuidad después de 2030.

Dacia abandona los vehículos propulsados por GLP: no será viable su continuidad después de 2030.

Dacia abandona el GLP en sus vehículos más allá de 2030

Contexto técnico del GLP en la movilidad automotriz

El gas licuado de petróleo (GLP), conocido también como autogas, representa una alternativa de combustible derivada del petróleo que se compone principalmente de propano y butano. En términos técnicos, este gas se inyecta en el motor de combustión interna mediante sistemas de conversión específicos, permitiendo una combustión más limpia en comparación con la gasolina convencional. Los vehículos equipados con GLP emiten hasta un 15% menos de dióxido de carbono (CO2) y reducen significativamente las partículas nocivas, lo que los posiciona como una opción de transición hacia energías más sostenibles. Sin embargo, su adopción depende de infraestructuras de repostaje y normativas ambientales que evolucionan rápidamente.

En el caso de Dacia, marca perteneciente al grupo Renault, el GLP ha sido integrado en modelos como el Sandero y el Duster desde 2010, ofreciendo una eficiencia térmica superior en motores de cuatro cilindros. Estos sistemas utilizan depósitos cilíndricos presurizados a 7-10 bares, con válvulas de seguridad para prevenir fugas, y un consumo promedio de 7-9 litros equivalentes por cada 100 kilómetros en ciclos urbanos.

Razones regulatorias y técnicas para la discontinuación

La Unión Europea ha establecido objetivos ambiciosos para la descarbonización del transporte, con el Reglamento (UE) 2019/631 que impone límites estrictos de emisiones de CO2 para vehículos nuevos a partir de 2025, alcanzando cero emisiones netas para 2035. El GLP, aunque más limpio que los combustibles fósiles tradicionales, no cumple con los estándares de electrificación total requeridos por la directiva Euro 7, que entrará en vigor en 2025 y regulará contaminantes como óxidos de nitrógeno (NOx) y partículas finas (PM2.5).

Técnicamente, mantener la compatibilidad con GLP implica costos elevados en investigación y desarrollo para adaptar motores híbridos o eléctricos, lo que no es viable económicamente para marcas de bajo costo como Dacia. Además, la infraestructura de estaciones de GLP en Europa ha crecido solo un 2% anual desde 2020, insuficiente para competir con la expansión de cargadores eléctricos, que superan las 500.000 unidades en la UE. Dacia argumenta que, para 2030, las normativas prohibirán efectivamente los motores de combustión interna no híbridos enchufables, rindiendo obsoleto el GLP.

  • Incremento en costos de homologación: Cada modelo GLP requiere pruebas adicionales de emisiones, elevando los gastos en un 20-30%.
  • Limitaciones en eficiencia energética: El GLP ofrece un poder calorífico de 46 MJ/kg, inferior al hidrógeno (120 MJ/kg) o la electricidad en baterías de litio-ion.
  • Desafíos en cadena de suministro: La volatilidad de precios del propano, influida por el mercado petrolero, afecta la rentabilidad a largo plazo.

Impacto en la industria y alternativas emergentes

La decisión de Dacia acelera la transición sectorial hacia vehículos eléctricos y de hidrógeno. En Latinoamérica, donde el GLP es popular en países como México y Argentina por su accesibilidad, esta tendencia podría influir en importaciones y políticas locales. Técnicamente, los motores GLP pierden competitividad frente a baterías de estado sólido, que prometen autonomías de 800 km y recargas en 10 minutos para 2030.

Alternativas viables incluyen el bioGLP, derivado de residuos orgánicos, que reduce emisiones en un 70% pero enfrenta barreras en producción a escala. Dacia planea enfocar sus recursos en modelos 100% eléctricos, como el Spring, con motores de 45 kW y baterías de 26.8 kWh, alineándose con la meta de 30 millones de vehículos eléctricos en Europa para 2030.

Conclusiones sobre la evolución del sector automotriz

La eliminación gradual del GLP por parte de Dacia refleja la inevitable orientación hacia la electrificación total, impulsada por avances en almacenamiento de energía y regulaciones globales. Esta transición no solo optimiza la eficiencia energética, sino que también mitiga el impacto ambiental del transporte, promoviendo innovaciones en materiales sostenibles y redes inteligentes de carga. Para fabricantes y consumidores, representa un desafío técnico que exige adaptación rápida a ecosistemas de movilidad cero emisiones.

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